Cartas a Daniel , ,

Por Jesús Gómez Tejedor

En este libro quiero poner a vivir a Daniel, una persona con limitaciones congénitas físicas y psíquicas que desde muy niño ha contado con un cuidado muy amoroso que le ha ayudado a desarrollar una gran fuerza de voluntad. Sí, nacida del amor.

Animar, cuidar del desarrollo de esa gran fortaleza le permite participar en muchos ambientes que a priori se creía que le estaban vedados.

He oído a muchas personas referirse a él usando expresiones compasivas, en el mejor de los casos mueven la cabeza de arriba abajo pesarosos por la injusticia aparejada a nacer con dificultades. No seré yo quien les contradiga pero también quiero referirme a la pureza, a la intensidad de sus momentos de felicidad que yo calificaría superiores a los de la mayoría. Claro que estamos en terrenos de Dios.

Durante el tiempo que he pasado con él he podido comprobar que su contacto me ha enriquecido como ser humano y me ha enseñado que en muchas de sus opiniones, en sus juicios y en sus ideas de “bombero” había algo único que me hacía plantearme de forma diferente situaciones corrientes de la vida. Sí, se piensa que con estas personas predomina el dolor. Pero no siempre es así. Muchas veces sus ideas, llenas de bondad, son brillantes y aportan formas nuevas de relación con personas y cosas. Por ejemplo:

  • Habría que cambiar el nombre de las calles.
  • Y ¿cómo las llamarías tú? –dije perplejo.
  • Libertad, Amistad, Democracia, Ilusión. . .
  • ¿Y por qué crees que se deben de llamar así?
  • Porque esas sí que son grandes cosas y no todo lo relacionado con la guerra.

 

 

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