Jesús Gómez Tejedor octubre 1, 2018 – Publicado en: Autores

Fui un niño querido, que creció entre juegos: el tres navíos hay en el mar, el fútbol, el baloncesto. Mientras, en la escuela izábamos y arriábamos todos los días, a la entrada y a la salida, la bandera de España con el canto del “Cara al sol” como testigo.

En la adolescencia, periodo en el que empezamos a enfrentarnos a lo importante, me obligaron a elegir entre dos opciones: lo que “mis personas cercanas creían que debía hacer” o “lo que yo deseaba” ,que no estaba nada definido. ¿No os parece tremendo?

Tardé mucho en saber qué era lo que quería y, cuando parecía que me había enterado, la vida me planteó sus propias exigencias y retrasó los sueños propios, de sopetón primitivos, que Beatriz y yo habíamos planeado años antes.

Después de una larga etapa muy presurosa, aparece el que ahora quiero ser. Me gusta pensar, rememorar y recorrer el pasado una y otra vez, sin ningún orden cronológico, hasta que veo fluir quién soy. Mi vida anterior ha dado paso a un ritmo más lento. Yo mismo, posiblemente más humilde, creo poder contar cosas y acontecimientos  con recuerdos  más ecuánimes. Y me identifico con Marisa Madieri cuando dice “la profundidad del tiempo es una reciente conquista mía”.

Quiero contar sensaciones y experiencias, escribir relatos nuevos y completar algunos ya escritos, aprovechar la verdad que existe en las mentiras, como dice Vargas Llosa.

En fin, todo se andará.

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